Revisión de las medidas para evitar las infecciones de los pacientes hospitalizados Medidas simples y de gran eficacia, como el lavado de manos -la más importante-, el aislamiento del paciente infectado, y la asepsia y antisepsia en los diferentes procedimientos hospitalarios, continúan siendo la punta de lanza en la prevención y control de las IIH. La infección intrahospitalaria (IIH) se presenta como resultado, obviamente no deseado, de la atención en el hospital. Además de sus serias implicaciones en la salud y sobrevida del paciente, aumenta de manera significativa los costos de la atención y la estancia hospitalaria, y acarrea importantes costos de responsabilidad para las instituciones de salud y su personal. Por lo anterior, y por su alta incidencia, se considera un problema de salud pública por los gobiernos y los organismos internacionales de salud, quienes suelen contar con programas formales para su reducción y control. Las IIH más frecuentes son: la infección de las heridas quirúrgicas, la neumonía nosocomial y la colonización de catéteres. Igual que para el caso de la incidencia global de IIH, las tasas de incidencia de estos diferentes tipos varían, según la complejidad de las instituciones y la población que atiendan. Los factores de riesgo para la aparición de IIH dependen del microorganismo: su patogenicidad, virulencia, cantidad y resistencia; del paciente: edad, patología presente, respuesta inmune, tiempo de hospitalización, procedimientos y tratamientos recibidos; y del ambiente: mantenimiento y aseo de las instalaciones y equipos, prácticas y estado de salud del personal hospitalario, y visitas. Desde mediados del siglo XIX, el lavado de manos ha demostrado ser la medida más eficaz y de más bajo costo para evitar la infección cruzada en las instituciones de salud. Estudios recientes han demostrado que el uso de anillos aumenta la posibilidad de contaminación de las manos, y que la higiene de éstas, con enjuagues a base de etanol o con el uso de paños medicados, puede ser tanto o más eficaz que el lavado con agua y jabón, y que suelen ser de mayor aceptación por el personal. Al lavado de manos se suman otras medidas costo-efectivas para la prevención de la diseminación de los microorganismos responsables de la IIH, como el aislamiento de los pacientes infectados y de los inmunosuprimidos, el uso de técnicas de asepsia y antisepsia, la esterilización de instrumental y materiales, y el aseo y desinfección de equipos y áreas asistenciales. Otros aspectos importantes en la prevención de la IIH, a primera vista no tan directamente asociadas con la infección del paciente hospitalizado, se relacionan con las características de la planta física, la salud ocupacional, la inmunización del personal asistencial, el control de vectores, el manejo de los residuos hospitalarios y el adecuado servicio de alimentos. La protección del paciente y del personal de salud son claves en el control de IIH. En el control de la IIH, además de las medidas individuales relativas al tratamiento del paciente, son fundamentales la vigilancia y manejo de brotes, y todas las políticas y acciones institucionales referentes al uso racional de antimicrobianos y al control del desarrollo de resistencia múltiple de los microorganismos. Para apoyar las labores de prevención y control se requiere desarrollar actividades de investigación. Conocer el comportamiento de la infección, su curso y distribución; la resistencia a los antimicrobianos; el impacto en los pacientes y el personal de salud; los costos que ocasiona la IIH; la calidad de la atención; el impacto de las medidas de control, entre otros; todo ello contribuye a la evaluación de las medidas adoptadas y a la participación activa del personal en el propósito de las instituciones de salud de evitar la presencia de IIH. La vigilancia epidemiológica, realizada de manera activa, sistemática y continua, es clave para disponer de la información necesaria para hacer monitoreo y vigilancia de la aparición de IIH y del éxito de las medidas de prevención y control. En consecuencia, el diagnóstico oportuno y correcto de la IIH, incluida la identificación del agente causal, es fundamental no solo para instaurar prontamente las medidas de control y tratamiento en el paciente, sino como pilar de la vigilancia. Se considera que características del recurso humano, como el liderazgo, la disciplina, la capacidad de trabajar en equipo, las habilidades en análisis y solución de problemas, y el uso de herramientas e indicadores de calidad, entre otras, son incuestionablemente necesarias para el éxito en el control de las IIH. Igualmente, que se cumplan aspectos organizacionales, como la existencia de protocolos de atención, la definición de procesos asistenciales y administrativos, la oportunidad en el mantenimiento de equipos y en el suministro de insumos clave, el aseo de las instalaciones y la asignación de funciones y responsabilidades. Un aspecto organizacional importante para el control de la IIH lo constituye la existencia de un comité de infecciones, conformado multidisciplinariamente y responsable de definir y velar por la implementación de todas las medidas técnicas y administrativas necesarias para la prevención y control de las IIH, y de asegurar la disponibilidad de información oportuna y confiable sobre el comportamiento de la IIH y el desempeño de las medidas de control. Conclusión Lecturas recomendadas |